Una generación es sobre todo la prolongación de una especie, la continuidad de un propósito y la descendencia de alguien. Es evidente que los propósitos de Dios continúan hoy vigentes en la iglesia, es así como podemos entender quiénes somos y porque estamos puestos en pie en este tiempo, sostenidos solo por el poder de Dios. Somos el fruto de la aflicción de Cristo, pero también somos aquellos movidos, inspirados y revestidos de la unción de su Espíritu.

Nuestra juventud está recibiendo un legado glorioso, aquel que ha sido refugio de generación en generación, y hoy mas que nunca estamos decididos a seguir bajo la influencia de su Espíritu. Somos la generación que refleja la gloria de Dios, hablamos de una generación impregnada de su poder y autoridad, generación escogida por Dios para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.